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Tribuna

«[…] El siguiente paso hacia el Gran Hermano es más inquietante: el reconocimiento facial. Cuenta Javier Espinosa, periodista español en China, que su hija de ocho años ya pasa un control de su rostro para subir al autobús escolar. Qué no harán con los más creciditos. En un instituto de secundaria de Hangzhou, las cámaras miden el nivel de concentración de los alumnos, que se indica en una pantalla en el aula. Gracias a la falta total de garantías para la privacidad, Pekín domina una tecnología que emplea para perseguir disidentes o multar al que se salta un semáforo. […]»

Ricardo de Querol | Subdirector de EL PAÍS
REVISTA EL PAÍS RETINA