Carta del director

«[…] La posibilidad de que la neurotecnología además o en vez de curar sirviera para alterar eso que llamamos voluntad abre un debate más complejo que el que en su día provocaron los neurofármacos. También es un asunto controvertido la gestión de la información personalísima manejada en estos tratamientos. Llevando al límite la desconfianza, resultaría inquietante la amenaza de un hackeo de nuestras mentes. […]»

Bernardo Marín | Director
REVISTA EL PAÍS RETINA